Iguazú, el paraíso en la Tierra

Coordenadas: 25°41′43″S 54°26′12″O 

Cierro los ojos y las imágenes desbordan mi mente. El cerebro se me inunda con las magníficas escenas que pude presenciar. He tenido la dicha de vivir momentos casi divinos que me han llevado a experimentar sensaciones surrealistas. Desde lo alto parecían una gigantesca boca de Dragón, que en vez de despedir fuego por la boca, se tragaba el agua a borbotones.

Ya cuando estás más cerca te das cuenta de que es un inmenso abismo, donde el final te seduce con su indescifrable belleza. Una inmensidad que te invita a hacer volar tu imaginación al pensarte escapando, con la más completa sensación de libertad, hacia el vacío; para ser recibido allí por las frías nubes espumosas que se levantan bailando al compás del ciclo de la naturaleza. Las Cataratas Iguazú… son una experiencia inolvidable.

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La transformación geológica que dio inicio a las cataratas comenzó hace 150 millones de años. Foto: Pamy Rojas

LEYENDA DE LAS CATARATAS IGUAZÚ

Cuenta la leyenda que los indios Guaraníes, habitantes de las orillas del río Iguazu, hace muchísimos años, creían que un dios en forma de culebra, a quien llamaban Mboi, gobernaba el mundo. Naipi, la hija del jefe de la tribu, era una joven sumamente hermosa; tan es así que las aguas del río se detenían cuando ella se contemplaba en su reflejo. Ya que el dios Mboi le había obsequiado el don de tan envidiable hermosura a Naipi, éste pretendía que la joven dedicara su vida únicamente a adorarle. Un joven guerrero, llamado Taroba, vivía enamorado de Naipe y decidió escaparse con ella.

Las imponentes cataratas. Foto: Pamy Rojas

Las imponentes cataratas. Foto: Pamy Rojas

Taroba y Naipi

En su pequeña canoa, Taroba y Naipi, partieron río abajo; hasta que el dios Mboi los descubrió y en su furia penetró las entrañas de la tierra. Rasgó el suelo de tal manera, que la enorme herida se convirtió en una gigantesca catarata; por donde los fugitivos cayeron hasta desaparecer en el vacío. Naipi fue transformada entonces en uno de los saltos más grande y más hermoso de las Cataratas Iguazu. Taroba, yace a su lado, en el borde del abismo, como una enorme palma. Uno al lado del otro, sin poder tocarse, sin poder hablarse, sólo amándose desde su cercana distancia. Justo debajo de la palma se encuentra una gruta, por donde el dios Mboi vela a las dos víctimas, para que no se unan jamás. De esta manera, según la leyenda de los guaraníes, se formaron por el cauce del río Iguazu las impresionantes cataratas.

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Alrededor de 10 millones de litros de agua fluyen por las Cataratas Iguazú cada segundo. Foto: Pamy Rojas

Iguazú y los guaraníes 

El río Iguazu, que significa “agua grande”, es el responsable de la unión entre Brasil y Argentina. Entonces, el río Paraná, que de acuerdo a los indios es el “Padre del Mar”, se encarga de añadir a Paraguay en este punto de encuentro. La triple frontera de Brasil, Argentina y Paraguay, bañada por los ríos Iguazu y Paraná, es uno de los pocos lugares del mundo donde se puede vivir en armonía entre diferentes culturas, lenguajes y grupos étnicos.

El paisaje de las cataratas me hizo recordar la película "What Dreams May Come" con Robin Williams. Foto: Pamy Rojas

El paisaje de las cataratas me hizo recordar la película "What Dreams May Come" con Robin Williams. Foto: Pamy Rojas

Brasil y Argentina

En el centro de visitantes del Parque Nacional de Iguazú, fundado en 1939 y el primero en América Latina, existe un monumento en honor a los indios que lee: “Los guaraníes o pueblo guerrero, tejieron la historia de las etapas de convivencia armónica entre el hombre y la selva”. Estos indios vivían en completa armonía con el ambiente, cuidando de su entorno, respetando todo ser viviente y venerando esa energía que les regalaba la vida. Tan es así, que no son sólo lo ríos los que unen a estos pueblos, sino también son los valores arraigados de una tribu que se han difundido hacia ciudades y países enteros.

La transformación geológica que dio inicio a estas Cataratas Iguazú comenzó hace 150 millones de años. Esta alteración en el globo terráqueo creó un gigantesco cañón por donde fluyen solemnemente las aguas del río Iguazú. El Parque Nacional de Iguazú, el cual el cual alberga estas majestuosas cataratas, abarca cinco mil hectáreas de reserva natural. Sus terrenos comienzan en el sur del estado de Paraná en Brasil y termina en la región de Misiones en Argentina.

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El travieso coati es muy amigable. Foto: Pamy Rojas

Un inquieto coati

La reserva es hogar de infinidad de especies como: cotorras y tucanes con un brillante plumaje de mil colores, sigilosas panteras, cautelosos pumas, peligrosos jaguares, enormes cocodrilos y la mascota por excelencia de esta área, el inquieto coati. En ambos lados de las cataratas, Brasil y Argentina, crecen infinidad de tipos de vegetación como el cedro, el laurel negro, varios tipos de helechos y el escaso árbol Palo de Rosa. Ambos lugares son espectaculares, pero a su vez son dos perspectivas completamente diferentes.

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La reserva es hogar de infinidad de especies. Foto: Pamy Rojas

Iguazú es adrenalina

Los niveles de adrenalina se elevan por el lado de las cataratas en Argentina. Por este borde se hace un viaje en lancha que se adentra a las cataratas. Cuando la embarcación se va acercando al torrente de agua, enchumbarse es inevitable. El estruendo de la gigantesca caída de agua ensordece y la neblina de rocío que forma el chorro al caer nubla totalmente la vista. Solo el sentido del tacto al agua helada y el olor a mojado se mantienen alertas. En ese momento la fragilidad del cuerpo humano se hace evidente, sin embargo, se despierta una fascinación inusual ante una situación tan expuesta. 

Es inevitable salir empapado luego del recorrido en barco por las cataratas. 

Es inevitable salir empapado luego del recorrido en barco por las cataratas. 

Adrenalina y respeto

El pensar que ese incontrolable torrente de agua está a sólo centímetros de tu cuerpo, empapándote con su magia, te hace sentir más cerca del cielo. Entonces la adrenalina comienza a subir, al verte cada vez más adentro de la catarata y más cerca de su estruendo. Pero por alguna razón, el miedo brilla por su ausencia, logrando así purificar todas las emociones; al rociarlas con la exaltación del momento.

Luego de la experiencia en el bote se recorre el bosque por los senderos. Al caminar por los puentes, que cruzan los 275 saltos de agua, crece el deseo de venerar la naturaleza y sus incontables maravillas. Estar en el tope de la catarata, y observar cómo a tus pies sucumben, con furia al vacío, poderosos torrentes de agua, logra despertar en los más profundo de tu ser el respeto hacia la vida y la fragilidad de nuestra existencia en la Tierra.

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Las Cataratas de Iguazú están formadas por 275 cascadas diferentes. Foto: Pamy Rojas

Iguazú también es paz y armonía

En contraste con el lado de Argentina, el lado de Brasil es todo tranquilidad. Es como un recorrido hasta el paraíso, hacia el interior del ser. Ver el escenario de las cataratas ante tus ojos, con su inmensa belleza y su semejanza a lo que, en la imaginación, sería el edén, podría marcar tu vida para siempre. Un largo camino lleva a la catarata más impresionante y poderosa de todas, la Garganta del Diablo; que cuenta con 270 pies de alto. En el trayecto caminas por senderos, ya marcados, que te adentran a las entrañas del bosque y logras observar la naturaleza en su máxima expresión. El esplendoroso cóndor que planea sobre las imponentes cataratas, el mono aullador que pasa de rama en rama y unas hormigas que son tan enormes como una cucaracha.

La vista de las cataratas desde el lado de Brasil.

La vista de las cataratas desde el lado de Brasil.

La Garganta del Diablo

Para llegar a la Garganta del Diablo hay que pasar un puente anclado en la misma corriente del río. Lo que ves, antes de cruzar el largo puente, es tan majestuoso que ni piensas dónde estás parado. Una vez llegas al final te encuentras con el principio; con el comienzo de tu vida, con un espectáculo para tus sentidos nunca antes experimentado.

Para llegar a la Garganta del Diablo hay que pasar un puente anclado en la misma corriente del río. Foto: Pamy Rojas

Para llegar a la Garganta del Diablo hay que pasar un puente anclado en la misma corriente del río. Foto: Pamy Rojas

Casi en el Cielo

La vista se deleita con el verdor de la naturaleza, el blanco de la espuma del agua y los múltiples arcoiris que aparecen ante tus ojos. La piel absorbe el frío del agua y la energía del viento; haciendo que te estremezcas de emoción. El olor a tierra mojada, a lluvia que sube del río, en vez de caer del cielo, y el aroma de la vida, se impregnan en tu ser.

El fragor del torrente de la catarata, al abrazarse en armonía con el río, que fluye por y en contra de la corriente a la misma vez, unido al silencio de las nubes, permite disfrutar de una melodía casi celestial. Con el sabor de las gotas de agua, que se han depositado en tus labios, logras tragarte un poco de la esencia de ese paraíso terrenal; que te ha seducido de tan sólo visitarlo.


Prácticas de turismo consciente:

1. Respetar el entorno natural.

2. Aprender sobre la flora y fauna del lugar.

3. Conectar con al energía de la Tierra y la grandeza del Universo.

4. Absorber las experiencias transformadoras.

5. . Apoyar la economía patrocinando las hospederías y restaurantes locales.