Más allá del Gran Cañón

Coordenadas 36°03′19″N112°07′19″O

El sol se escondía poco a poco, no sin antes deleitarnos con un deslumbrante espectáculo de sombras y colores.  De por si, las montañas rocosas del Gran Cañón tienen su encanto; la paleta de colores que se aprecia a plena luz del día es exuberante, pero el atardecer en este entorno es simplemente mágico…

Nos acomodamos en un área solitaria, donde podíamos contemplar tranquilamente la puesta del sol.  El silencio era sumamente profundo, perfecto para crear el ambiente meditativo que estábamos buscando.  De rato en rato volaba una mariposa alrededor de nosotros para recordarnos que estábamos en la tierra.

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No es de extrañar que los nativos americanos del área utilicen este espacio para sus rituales.  Actualmente, existen áreas reservadas en el Gran Cañón para estos propósitos.  Son lugares que se le concede el acceso sólo a estas personas.  La tribu de los Navajo, por ejemplo, acostumbra adentrarse en estos sitios y están hasta una semana completa meditando; muchas veces deciden estar sin alimento, dependiendo del ritual que lleven a cabo.

Pasaban los minutos y el sol seguía su ceremonia de despedida.  De amarillo a anaranjado y de anaranjado a rojo; los montes pedregosos cambiaban su tonalidad complaciendo a la luz del sol.  De momento alguna nube hacía su entrada a participar del despliegue de sombras y colores.  La llegada de las nubes añadía un tono más oscuro a los colores que ya estábamos observando; lo que hacía que se reflejaran en las montañas siluetas y formas diferentes  Entonces la pared de la roca tomaba vida.  Se formaban ante nuestros ojos conejos, serpientes, dinosaurios, murciélagos y hasta delfines.  En algunas áreas se podía apreciar un tono de violeta que se paseaba por el azul marino, igualando al inmenso océano.  Tan es así, que era fácil confundir este mar de rocas con el horizonte del mar Caribe.

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Enfocados en esta línea imaginaria pudimos apreciar cómo la lluvia bailaba a lo lejos.  Los grises, azules y violetas se desbordaron ante nuestros ojos.  Ya el sol se había escondido por completo y nos saludaba una tarde grisácea y lluviosa.  Con mucha paciencia, la lluvia se acercaba, acompañada por deslumbrantes rayos, que parecían impulsar las nubes.  Ante tan impresionante, pero peligrosa exhibición, decidimos resguardarnos en un lugar seguro; no sin antes agradecerle al Universo la maravillosa experiencia que nos regaló.

Luego de reflexionar sobre lo que recientemente habíamos contemplado pudimos concluir que el Gran Cañón es más que un risco en la meseta del Colorado, es más que un lugar turístico, es más que caminos para explorar y ríos para viajar en sus corrientes.  El Gran Cañón es una celebración a la naturaleza, a la diversidad de las especies.  Es una vista que nos deja boquiabiertos y nos acerca más al cielo.  El Gran Cañón es un remanso de paz.  Un lugar donde el silencio ensordece y el viento habla la lengua de los espíritus de los ancestros.  Un punto donde el sol es el protagonista del más deslumbrante espectáculo y la luna testigo de millones de ojos que observan en la oscuridad.  Es el sitio donde podemos comenzar a experimentar la paz interior que tanto anhelamos.