Las islas flotantes de los uros

Coordenadas: 15°45′00″S 69°25′00″O

Un nuevo día en Perú, esta vez en islas flotantes con placas solares.  Nuestras andanzas por este país Suramericano nos llevaron hasta el lago Titicaca, allí nos detuvimos en el archipiélago de las islas flotantes de los uros.

Este singular grupo de islotes, hechos de totora, está localizado a veinte minutos del puerto de Puno. Desde allí, nuestro guía nos llevó hasta Suchichuyma, una de las casi cuarenta islas flotantes que conforman este archipiélago. También son visitadas por turistas las islas de Santa María, Tupiri, Kapi, Toranipata y Negrone.

El panorama en las islas era como adentrarse a las páginas de un libro de historia. Foto: Pamy Rojas

El panorama en las islas era como adentrarse a las páginas de un libro de historia. Foto: Pamy Rojas

Pukinas

La embarcación que nos llevó hasta Suchichuyma acomodaba fácilmente a quince personas. Desde el puerto de Puno salen varias embarcaciones para el paseo de la mañana y cada una se dirige a una isla diferente.  Por la tarde sale otro grupo, ya que la excursión por las islas flotantes es de casi cuatro horas.  El viaje por las imperturbables aguas del lago Titicaca es sumamente placentero.  Durante el trayecto el guía nos orientó brevemente sobre la cultura, del idioma y modo de vida de los habitantes de estas islas flotantes.   

A pesar de que el origen del pueblo uro no está claramente definido, se entiende que es una de las culturas más primitivos del Perú; quizás descendientes de una de las sociedades más antiguas de América, los pukinas.  Desde mediados del siglo XX, la raza pura de los uros se extinguió.  Actualmente, los descendientes de este linaje son una mezcla de uros y aimaras.  Por un lado conservan muchas de las costumbres de sus ancestros, sin embargo, el idioma que practican es el aimara.  

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Los colores brillantes cautivaron el lente de mi cámara.  Foto: Pamy Rojas

Cami Saragui, una bienvenida en lengua aimara

A medida que nos acercábamos a la isla, el paisaje se llenaba de color.  Sobre el azul del lago resaltaba el color trigo de las islas.  Majestuosas embarcaciones amarillas con bordes rojos,  mujeres con faldas anaranjadas de adornos verde y niños correteando por el reducido espacio del islote, cautivaron el lente de mi cámara.  Al bajar de la lancha los nativos nos recibieron con una bienvenida en su lengua aimara: Cami Saragui. Nosotros contestamos: Hualiqui (todo bien). El guía nos había orientado previamente sobre cómo debíamos responder.

Al pisar la isla trenzada con totora sentimos un leve vaivén, como si desembarcáramos de un barco para subir a otro.  Caminar sobre este suelo tejido puede convertirse en un desafío si no se llevan los zapatos adecuados, por eso es recomendable usar botas o tenis.

Nos sentamos en rollos de paja cerca de las viviendas. Foto: Javier Vélez Arocho

Nos sentamos en rollos de paja cerca de las viviendas. Foto: Javier Vélez Arocho

Rollos de paja

Cuando todos los turistas bajamos de la lancha, nos sentamos sobre unos rollos de paja que estaban acomodados en círculo cerca de una de las viviendas, construida también de totora.   En el islote Suchichuyma vimos tres cabañas y un grupo de doce personas, entre hombres, mujeres y niños. En cada isla pueden vivir cinco o seis familias, dependiendo del tamaño.  Cada clan tiene un líder, que es quien se encarga de orientar a los turistas sobre la cultura de los habitantes de estas islas flotantes, entre otras tareas.

La vida en el lago. Foto: Pamy Rojas

La vida en el lago. Foto: Pamy Rojas

El pueblo lago

Según nos contó el jefe de esta isla, los uros se autodenominan Kotsuña que significa el pueblo lago. Los hombres de esta comunidad flotante afirman ser los dueños de las aguas del Lago Titicaca. Los primeros pobladores del lago vivían en balsas de totora que usaban como vivienda. No es hasta los años sesenta que comienzan a construir pequeñas islas para establecer sus hogares. Las chozas, también tejidas en totora, tienen techos impermeables a la lluvia.  Cada vivienda es de una sola habitación y cocinan al aire libre para evitar incendios

Nos llamó mucho la atención que al lado de algunas viviendas se elevaba un tubo de aluminio que sostenía una placa solar.  Además, dentro de una de las casas tenían un televisor.  A diferencia de los ancestros, que vivían en balsas porque preferían aislarse del resto de la civilización, los nuevos uros tratan de mantener un balance entre las costumbres de su pueblo y los adelantos tecnológicos.  Tan es así, que este pueblo ha logrado, a través de la industria del turismo, preservar sus raíces y a la misma vez mantener a sus familias.

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La totora es una especie de junco que crece en los terrenos pantanosos de América del Sur.  Foto: Pamy Rojas

Totora

El jefe de la isla también nos explicó los múltiples usos que le dan a la totora; un recurso renovable indispensable para el modo de vida de este grupo.  Con este tipo de junco no solo construyen las islas flotantes, sino también las balsas; que toman aproximadamente un mes y medio en fabricarse y las pueden usar hasta por un año.  Cuando los tallos de la planta se secan se usan como leña en la cocina.  La totora también la usan como material para artesanías, de esta manera contribuye en la economía. Además, luego de removerle la cáscara, sirve para limpiarse los dientes. Al mascarse, la fibra de la totora funciona como un cepillo.

Construyendo islas de totora. Foto: Javier Vélez Arocho

Construyendo islas de totora. Foto: Javier Vélez Arocho

khili

Para la construcción de las islas, escogen las mejores raíces primero. Luego, van entrelazando capas de totora en las zonas donde crece más abundantemente.  Así continúan formando varias capas hasta lograr el grosor suficiente para sostener el peso de varias casas del mismo material; a esta capa natural le llaman khili. Las islas se anclan con sogas y piedras, se utilizan alrededor de diez anclajes por isla.

Las balsas de totora duran un año. Foto: Pamy Rojas

Las balsas de totora duran un año. Foto: Pamy Rojas

Baile, canto & artesanías

Luego que nos explicaran sobre los diferentes usos de la totora, las mujeres nos ofrecieron un pequeño espectáculo musical. Cantaron no solo en su lengua aimara, sino que además entonaron melodías en inglés, francés y español. Una vez finalizada la simpática función, las mujeres nos llevaron a ver las casas por dentro, y por supuesto, nos mostraron las artesanías que tenían para la venta.  Después nos ofrecieron un paseo en uno de las gigantescas balsas de totora.  Cuatro de los hombres de la isla se encargarían de remar la embarcación de dos pisos, mientras los turistas nos acomodamos a disfrutar del recorrido.

Completada nuestra travesía en las islas uros, embarcamos nuevamente (esta vez en la lancha de motor) hacia la isla Taquile.  Para llegar a Taquile, desde las islas uros, el recorrido es de una hora y quince minutos por el grandioso lago Titicaca.

(Este artículo es el tercero de la serie de historias de Perú.)


Prácticas de turismo consciente:

1. Conocer a personas de otras culturas y respetarlas.

2. Agradecer a los nativos de la islas por su hospitalidad.

3. Aprender sobre la historia y modo de vida de los habitantes de los uros.

4. Disfrutar de su espacio sin dañarlo.