Suiza, las páginas de un cuento real

Las montañas intensamente verdes, las flores rojas en las ventanas, la belleza de cada paisaje... Suiza es como entrar en la páginas de un libro de cuentos para niños donde en las ilustraciones resaltan los colores primarios.  En este viaje al país impecable visitamos lugares como Appenzeller, Berna, Lucerna, Jennis y Maienfeld, por mencionar solo algunos. En el pintoresco pueblo de Appenzeller las casas son tradicionalmente suizas, se elabora el mejor queso de esa región y la subida de las vacas y cabras a los Alpes es todo un acontecimiento cultural. Berna por su lado, además de ser la capital, tiene un gigantesco reloj medieval digno de ver todavía funcionando.  La ciudad de Lucerne destila romanticismo y guarda el majestuoso Monte Pilatus. Jennins es una región reconocida por sus viñedos. En Maienfeld son las tierras donde nacieron las historias de Heidi de Johanna Spyri.

El Waste to Energy de Zurich está localizado al lado de un parque para niños y cerca de restaurantes y viviendas. Foto: Pamy Rojas

El Waste to Energy de Zurich está localizado al lado de un parque para niños y cerca de restaurantes y viviendas. Foto: Pamy Rojas

Cuando pensamos en el concepto de turismo consciente, Suiza tiene todas las características que recogen esta idea. Por ejemplo, a nivel ambiental, es un país de avanzada. El sistema de reciclaje funciona a la perfección (todo es perfecto en Suiza).  Las cocinas ya vienen equipadas con los compartimientos para reciclaje y cerca de cada vecindarios hay contenedores para depositar vidrio. Como no producen suficientes desperdicios, en este lugar tienen que comprar a otros países basura para las plantas Waste to Energy puedan funcionar. Que a propósito, la planta de Zurich está localizada al lado de restaurantes y de un parque para niños. 

Compartimientos de reciclaje para separar el vidrio por color. Foto: Pamy Rojas

Compartimientos de reciclaje para separar el vidrio por color. Foto: Pamy Rojas

En los semáforos hay que apagar el auto para evitar la contaminación del aire. Entiendo que esta es una de las razones por la que los paisajes son tan hermosos, todo en este país es sumamente limpio.  Las calles, carreteras y cualquier vía, todas están libre de basura. El agua en Suiza es tan limpia que se puede tomar directamente de los lagos.  Tanto en las ciudades, como en pueblos más pequeños, hay fuentes decorativas donde cualquiera puede llenar su botella de agua para tomar. 

Agua para tomar directo de la fuente. Foto: Pamy Rojas

Agua para tomar directo de la fuente. Foto: Pamy Rojas

El código de honor, que también existe en otros países europeos, en Suiza es más latente. En las guaguas públicas nunca revisaron si compramos o no los boletos. En algunos trenes sí lo hicieron, solo si la ruta era larga.  Me llamó la atención que encontré con frecuencia en los campos una gran cantidad de flores, aún sembradas, que eran para vender. El sistema de honor incluía una tijera para cortar las flores, una caja para dejar el dinero y, en algunos casos, la lista de los precios de cada tipo flor, sin que nadie estuviera allí para cobrar o vigilar que no se las robaran.

Lista de precios de las flores, el dinero se deja en una cajita. Foto: Pamy Rojas

Lista de precios de las flores, el dinero se deja en una cajita. Foto: Pamy Rojas

En el caso de apoyo a lo local, los suizos le otorgan extrema importancia a lo que su país produce. En los supermercados, todos los artículos están claramente rotulados según el país de origen y los productos locales tienen prioridad en las góndolas.  En el menú de los restaurantes también se detalla de dónde vienen las carnes, que la mayoría son de Suiza.

Recorre con nosotros las páginas de este cuento tan real, y si algún día visitas Suiza, ya sabes que es el lugar donde en cualquier rincón podrás practicar el turismo consciente.