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El método Trager®, no es un masaje, es un mensaje

Publicado en Natural Awakenings, abril 2018.

El huracán María ya pasó. Sí, la devastación, la escasez y las largas filas también pasaron por mi cuerpo.  Fue como si incontables banderas rojas ondearan en el estómago, en el cuello y  en la espalda. La tensión abrazó mis músculos y la incertidumbre no me dejaba dormir.  Las preguntas abarrotaban mi mente. Las noches las pasaba en vela y durante el día buscaba razones para sonreír.

Hasta el día de la terapia Trager®. La mesa de masaje era como un diminuto mundo donde solo existíamos el terapista y yo. Esto fue lo que pasó... Me acosté en la mesa y simplemente estaba. El terapista sujetó mi brazo, lo movía de lado a lado; cada extremidad de mi cuerpo oscilaba en sus manos. Yo sentí como si me mecieran en un sillón, quizás era una bebé y abuela me susurraraba al oído canciones de cuna. Me sentí amada.

Salí de la terapia y flotaba... quise llevarme esa sensación. Nada había cambiado en mi vida, solo que poco a poco regresaba a la normalidad, pero en el día a día siempre se presentaban situaciones que levantaban las banderas rojas. Sin embargo, luego de la sesión, noté que por las noches dormía mejor y que sonreía un poco más.

Me sentí amada.

A la semana, tuve otra terapia. Había contado los días. Sentía mucho ruido e interferencia en el ambiente: deuda, bancarrota, crisis… Quería regresar.

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Otra vez en mi mundo, solo el terapista y yo en un vaivén relajante donde nada más pasa, donde no existen preguntas, donde tampoco hay contestaciones.  De nuevo el vaivén, el susurro de un movimiento. Visualicé mi hígado sonriendo y el estómago riendo a carcajadas. Me imaginé que estaba acurrucando mi corazón.

Luego de varias sesiones, sentí un cambio. De repente dejé de intentar contestarme todas las preguntas: ¿qué?, ¿quien?, ¿como?, ¿cuando?, ¿donde? y ¿por qué? En otras palabras, solté el drama. Ya no sentía las banderas rojas ondeando ante las situaciones diarias. Era como si observara cada suceso detrás de una cámara de filmación. Era espectadora.  Me senté en una silla bien acojinada y busqué las palomitas de maíz. Enderecé la espalda, respiré profundo y todo mi cuerpo se alegró.

Según me explicó el terapista, a través del Método Trager® se podrían liberar patrones de tensión crónicos e inconscientes, es como si se le fueran sacando poco a poco las capas de una cebolla hasta llegar al centro. Los movimientos no-intrusivos permiten que el cuerpo experimente diferentes formas de gravedad, por eso cuando salgo de cada terapia siento como si volara en un globo aerostático sobre el paisaje de la Toscana en Italia.

De esa forma, se le envía al cuerpo un mensaje de bienestar y se van eliminando los efectos de la tensión.

Con el vaivén que caracteriza los movimientos del tratamiento, se puede lograr un estado de relajación profunda. Mi cuerpo se siente más suelto y fluido, de la misma manera logro serenidad. Como cada sesión representa una experiencia positiva en el cuerpo, la memoria guarda esa sensación de comodidad, en vez de dolor.  Al igual que se graban en nuestra mente las experiencias negativas del estrés y la tensión, se pueden recordar las positivas, como las de este tipo de terapia. De esa forma, se le envía al cuerpo un mensaje de bienestar y se van eliminando los efectos de la tensión. 

El Método Trager® fue desarrollado hace casi un siglo por el Dr. Milton Trager, luego que dedicara toda su vida a la observación de la conexión entre el cuerpo y la mente a través del movimiento.

Para más información del Método Trager® en Puerto Rico:

Facebook: @ tragerpr   www.TragerPR.com  (908) 938-4791

Facebook: @tragerpr
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(908) 938-4791

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