Berna, la capital verde

Coordenadas: 46°57′03″N 7°26′19″E

Cuando viajo, evito las ciudades grandes y el ritmo acelerado de las urbes. Prefiero el agua (salada o dulce), árboles (de cualquier tipo) y muchos animales (mientras más cerca, mejor). No obstante, Berna cambió por completo mi percepción de lo que puede ser recorrer una ciudad. Viajé a Suiza en agosto para visitar a mi amiga Bruny; quien conociéndome perfectamente, me llevó a lugares que ella sabía me encantarían.

Berna fue fundada en el año 1191 y su aspecto urbano ha cambiado muy poco; lo que la convierte en un magnífico ejemplo de urbanismo en Europa. Foto: Bruny Nieves

Berna fue fundada en el año 1191 y su aspecto urbano ha cambiado muy poco; lo que la convierte en un magnífico ejemplo de urbanismo en Europa. Foto: Bruny Nieves

Paisaje verde

En la capital de Suiza existe agua por todos lados. La ciudad está rodeada por el río Aare y además hay más de cien fuentes. A diferencia de otras ciudades sembradas de cemento, en Berna prevalece un paisaje verde, no solo por su cercanía a los Alpes, sino también por la infinidad de parques y jardines repletos de naturaleza.

El agua de las fuentes decorativas en Suiza se puede beber.  Foto: Pamy Rojas

El agua de las fuentes decorativas en Suiza se puede beber.  Foto: Pamy Rojas

Esculturas en fuentes

Nuestro recorrido por el casco antiguo comenzó tan pronto cruzamos la calle de la estación del tren. Nos dirigimos al Paseo de Arcadas para ver las famosas fuentes del escultor suizo Hans Gieng y a buscar alguna heladería. Ya Bruny me había comentado que en Berna se inventó el Toblerone, así que una de las misiones era encontrar gelato de este chocolate.      

En la calle Spitalgasse se encuentra la fuente del gaitero (Pfeiferbrunnen). Foto: Pamy Rojas

En la calle Spitalgasse se encuentra la fuente del gaitero (Pfeiferbrunnen). Foto: Pamy Rojas

En espera de las campanadas

Pasamos por la primera fuente, en la que por cierto, llenamos nuestras botellas de agua. A varios pasos está  la Torre del Reloj (Zeitlockentrum); donde nos detuvimos a esperar un poco, para ver el movimiento de las figuras autómatas minutos antes de la hora y escuchar las campanadas del gigantesco reloj a la hora en punto.  El paisaje: una torre alta, cielo despejado y mucho verde en el horizonte.

En espera por las campanadas, estábamos entretenidas con las bombas de jabón. Foto: Pamy Rojas

En espera por las campanadas, estábamos entretenidas con las bombas de jabón. Foto: Pamy Rojas

Bombas de jabón

Mientras esperábamos, nos entretenía un artista callejero haciendo malabares con bombas de jabón. Además de demostrar sus habilidades formando los frágiles óvalos, vendía los materiales para hacerlas; atractivo para cualquier edad. Entonces, nuestra vista se desvió hacia arriba, los autómatas empezaron a moverse. Luego, las tan esperadas campanadas: tin, tan, tin ton y la sincronización perfecta de este reloj astronómico; que da la hora, el día, el mes y hasta el zodiaco.

Einstein en Berna

Seguimos caminando hacia la calle Kramgasse para entrar a la casa museo de Albert Einstein.  Las fotos, mobiliario y documentos de Einstein-Haus confirman que este físico alemán desarrolló el primer tratado de la Teoría de la Relatividad mientras mientras vivió en Berna (1903-1905).

Einstein publicó la Teoría de la Relatividad en Berlín (1916), no obstante ya había sido concebida en Berna. Foto: Pamy Rojas

Einstein publicó la Teoría de la Relatividad en Berlín (1916), no obstante ya había sido concebida en Berna. Foto: Pamy Rojas

Abejas y almuerzo

Luego del museo fuimos a almorzar al restaurante Falken, en la calle Munstergasse. Las abejas nos acompañaron durante el almuerzo; símbolo de un balance saludable en el ambiente. Allí probé por primera vez la papas Rösti y me enamoré; que a propósito, esta torta de papas ralladas y doradas, son una especialidad bernesa.  Obviamos el postre porque preferimos esperar por el gelato de Toblerone.

Durante el almuerzo nos sentamos en las mesas de afuera, como se acostumbra en verano. Foto: Pamy Rojas

Durante el almuerzo nos sentamos en las mesas de afuera, como se acostumbra en verano. Foto: Pamy Rojas

Sobre el río

Caminamos hasta el puente Nydeggbrücke para dirigirnos hacia el Jardín de las Rosas. El trayecto se convertía en uno cada vez más verde por la gran cantidad de árboles a ambos lados del río Aare.  Por el camino vimos unos rótulos que marcaban la ruta de algunos lugares donde Paul Klee, el artista suizo alemán, se inspiró para pintar sus obras.     

Uno de los puentes que conecta el casco viejo con el resto de la ciudad de Berna. Foto: Pamy Rojas

Uno de los puentes que conecta el casco viejo con el resto de la ciudad de Berna. Foto: Pamy Rojas

Picnic y un baño en la fuente

Cruzamos un parque, de los muchos que hay en la ciudad, donde vimos familias almorzando su picnic y niños bañándose en las fuentes.  En Suiza, como en otros países de Europa, los espacios verdes se mantienen en perfectas condiciones, habilitados con mesas de bancos y totalmente limpios.

El Jardín de Rosas tiene más de doscientas variedades de rosas, entre otros tipos de flores y arbustos. Foto: Pamy Rojas

El Jardín de Rosas tiene más de doscientas variedades de rosas, entre otros tipos de flores y arbustos. Foto: Pamy Rojas

Arte en el Jardín de Rosas

Luego de subir una cuesta empinada, pero resguardada por la sombra de los árboles, llegamos al Jardín de Rosas.  Este entorno verde y aromático cuenta con un pabellón, un restaurante y un jardín de lectura. Sentados alrededor del estanque encontramos a varias personas dibujando, inspirados quizás por la ruta de Klee.

El estanque es un escenario perfecto para dibujar. Foto: Pamy Rojas

El estanque es un escenario perfecto para dibujar. Foto: Pamy Rojas

Gelato de Toblerone

Regresamos al casco antiguo y en la calle Gerechtigkeitsgasse encontramos la tan esperada heladería: La Golosa Gelato y por supuesto, el gelato de Toblerone. Saboreando esta delicia, le dije hasta pronto al paisaje de esta ciudad verde, al aroma de sus rosas y a las campanadas del antiguo reloj… tan, tan… De regreso en tren a descansar en casa de mi amiga, para nuestro próximo día en Suiza.

El tan esperado gelato de Toblerone lo compramos en La Golosa Gelato.  Foto: Pamy Rojas

El tan esperado gelato de Toblerone lo compramos en La Golosa Gelato.  Foto: Pamy Rojas


Prácticas de turismo consciente:

1. Llevar una botella de agua para evitar comprar las plásticas.

2. Disfrutar de los entornos verdes sin dejar basura.

3. Aprender sobre la historia del lugar.

4. Conocer la flora de los espacios verdes.

5. Compartir el espacio con las abejas.


La Torre del Reloj es uno de los monumentos más conocidos de Berna.  Foto: Pamy Rojas

La Torre del Reloj es uno de los monumentos más conocidos de Berna.  Foto: Pamy Rojas

Lugares de interés:

Catedral

Casa del Parlamento

Iglesia Espíritu Santo

Iglesia Santísima Trinidad

Jardín Botánico

Jardín de Rosas

Museo Einstein-Haus  

Paseo de Arcada

Teatro Municipal


En la heladería el gelato es artesanal.  Foto: Pamy Rojas

En la heladería el gelato es artesanal.  Foto: Pamy Rojas

Gastronomía:

La Golosa Gelato

Chocolatier Läderach

Restaurante Falken

Restaurante Rosengartenn


¡Hasta pronto Berna!

¡Hasta pronto Berna!